(Para Sagrario RoIlán)
Viene y me dice adiós, claro de lumbre,
atrincherada voz de estancias mágicas.
Su gesto vertical marca los límites
del tiempo que no fue y el que me espera
(Para Sagrario RoIlán)
Viene y me dice adiós, claro de lumbre,
atrincherada voz de estancias mágicas.
Su gesto vertical marca los límites
del tiempo que no fue y el que me espera
Con cuánta precisión duele la noche.
Habitación de hotel donde me gritan
los pasos de un insomnio por el techo.
Barcazas de algodón llevan el miedo
por los torrentes netos de las sábanas.
Qué puedo preguntar si el labio crece
y el vino se desborda en los armarios.
Un año de pinares y de escobas
puede llevar neveras hasta agosto.
Las manos de la casa nos vigilan
y de los dedos nace un viento pálido.
(Para Fernando Rodríguez de la Flor)
El monte es esta espera de cipreses.
Están sonando ahora las pisadas
de todos los regresos que la Lluvia
separa hacia la pena de las águilas.
(Para Lorenzo y Nines)
El mar en el teléfono,
tus dedos
reconstruyendo torres de cabellos.
Por dentro de este vals
estamos quietos.
como mirando el alma
de una estatua.
Pretendes que tu voz sea muralla,
espejo contumaz del gran vacío,
No sabes que el desierto que te nutre
devora tus entrañas y sus ecos.